He vivido con muchas personas desde que me mudé de la casa de mis padres. Todos eran personas y personalidades distintas. He aprendido mucho de todos, sobre todo de la tolerancia mutual.
Primero compartí una cuarto en la Residencia de la universidad con una chica un muy “hippi” del oeste de Nebraska. Antes de venir a la universidad pasó un año cuidando llamas en un convento de monjas en Dakota del Norte. No puedo inventar esas cosas. Nos cayeron muy bien porque yo era y sigo siendo muy desordenada y ella también era muy desordenada. Creo que pasamos la aspiradora 3 veces en los dos años que vivimos juntas. Tenemos mucho en común, ella era vegitariana y yo era y soy vegetariana. Nos gustaba mucho el arte y la literatura (su especialidad era filosofía - algo que nunca entenderé) y nosotras dos teníamos una pequeñita problema con los despertadores. Cuando digo pequeña, estoy disminuendo el problema. Teníamos 8 entre los dos. Basta decir que éramos las vecinas favoritas de todos.
Después de vivir sola un ratico mudé a un apartamento con dos chicas. Eran muy simpáticas y más o menos normales. Una era muy baja. Tecnicamente era enano, y no pudiera haber pesado más que cien libras. Ella rompió todas las reglas que dictan que las personas pequeñas tienen menos tolerancia que las personas grandes. Ella bebió más que chicos que era su doble de tamaño y nunca tuvo resaca. La otra chica tenía una especialidad de entomología en la Universidad. Trabajó con las cucarachas y a veces tenía que traerlos para cuidar durante el fin de semana. Esto era mi parte menos favorita de vivir con ella.
Cuando vivía en España tenía tres compañeras de piso. Una, una chica americana, y que era loca de verdad y la otra era una chica muy liberal quién trabajaba en un ONG internacional del medio ambiente. Ella no careció de las opiniones. Siempre miraba las noticias y gritó palabrotas a la reportera. Le importaba mucho la prevención de la energía eólica y la conservación de las cigüeñas. Pero a pesar su preocupación de la naturaleza, ella fumó, fumó como una chiminea. A veces pareció mucho al gato cheshire de “Alicia y el país de las maravillas.”
Después de estos, han venido muchísimos más, entre ellos un rapper con un ojo (como dijé, no puedo inventar estos), un aficionado del MMA y una fashionista, pero estos son para contar otra día...
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